Cofradía del Santísimo Cristo

de Toda la Nación Puertorriqueña

y del Altar de la Patria

Con Cristo todo. Sin Cristo nada.

Bienvenido

La Cofradía es una organización de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico, autorizada por ésta y bajo la supervisión del Sr. Arzobispo Monseñor Roberto Octavio González Nieves, con el propósito de hacer un compromiso con la patria puertorriqueña por medio de la oración y en la medida de nuestra capacidad, aportar recursos para difundir el mensaje de paz y armonía en el quehacer social y político del país.

La cofradía, debidamente organizada y bajo la tutela del Sr Arzobispo y con la dirección espiritual adecuada, puede aportar el mecanismo idóneo para fomentar, estimular, viabilizar y alcanzar con mayor efectividad sus laudables propósitos y objetivos. Su mayor objetivo, según lo expresó el Sr. Arzobispo será servir de custodios, de guías y promotores del monumento Altar de la Patria y de la Capilla del Santísimo Cristo de toda la Nación Puertorriqueña.

Recorrido Virtual

Una experiencia inmersiva que te permite recorrer el Altar de la Patria. A través de esta visita podrás:

Un Lugar para Ti

Camina con quienes comparten tu amor por Cristo y por Puerto Rico.

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Crucificcion

Por la paz, la dignidad humana y la soberanía de los pueblos

Fe y Patria: Un Compromiso Cristiano con Puerto Rico

La Oración como Fuente de Vida y Misión


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Lunes de la 22a semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 4,16-30.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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