Cofradía del Santísimo Cristo

de Toda la Nación Puertorriqueña

y del Altar de la Patria

Con Cristo todo. Sin Cristo nada.

Bienvenido

La Cofradía es una organización de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico, autorizada por ésta y bajo la supervisión del Sr. Arzobispo Monseñor Roberto Octavio González Nieves, con el propósito de hacer un compromiso con la patria puertorriqueña por medio de la oración y en la medida de nuestra capacidad, aportar recursos para difundir el mensaje de paz y armonía en el quehacer social y político del país.

La cofradía, debidamente organizada y bajo la tutela del Sr Arzobispo y con la dirección espiritual adecuada, puede aportar el mecanismo idóneo para fomentar, estimular, viabilizar y alcanzar con mayor efectividad sus laudables propósitos y objetivos. Su mayor objetivo, según lo expresó el Sr. Arzobispo será servir de custodios, de guías y promotores del monumento Altar de la Patria y de la Capilla del Santísimo Cristo de toda la Nación Puertorriqueña.

Recorrido Virtual

Una experiencia inmersiva que te permite recorrer el Altar de la Patria. A través de esta visita podrás:

Un Lugar para Ti

Camina con quienes comparten tu amor por Cristo y por Puerto Rico.

Artículos

Fe y Patria: Un Compromiso Cristiano con Puerto Rico

La Oración como Fuente de Vida y Misión

El Amor que Late por Nosotros: Celebrando la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús


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Martes de la 3a semana de Cuaresma

Evangelio según San Mateo 18,21-35.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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